Los estudios de Taneja (1996), confirmaron los postulados de Danell en 1987, coincidiendo en que los folículos de las búfalas se desarrollan en ondas tal como sucede en los bovinos. Estas ondas foliculares se presentan comúnmente, de una o dos por cada ciclo estral. Subsecuentemente, tres ondas foliculares fueron reportadas en búfalas de raza Murrah, siendo también el patrón de dos ondas foliculares el más común en esta raza. La presencia de tres ondas foliculares se asocian a un ciclo estral y fase luteal prolongada (Baruselli y col., 1997; Singh y col., 2000; Warriach y Ahmad, 2007). Cada onda folicular se caracteriza por el crecimiento sincrónico de grupo de folículos, donde apenas uno continua su crecimiento, en cuanto otros, regresan en intervalos variados debido a la secreción de inhibina (Evans, 2003). Durante cada onda un folículo es seleccionado, un folículo puede ovular (folículo dominante ovulatorio), dependiendo si la fase de dominancia es asociada a la luteolisis o no (Taneja y col., 1996; Manik y col., 1998). En la búfala, hay normalmente una o dos ondas no ovulatorias seguida de una onda ovulatoria (De Renis y Lopez-Gatius, 2007). Según Cruz (2000), el paso de folículos primordiales hasta folículos en crecimiento y folículos terciarios, aparenta ser poco efectiva. Esta ineficiencia fue también observada en el número relativo de folículos atrésicos siendo mayor la cantidad de folículos atrésicos en búfalas, comparadas con los bovinos (Danell, 1987).
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